Como hemos apuntado, la vía subcutánea no precisa prácticamente de ningún cuidado aunque existen algunas consideraciones que debemos tener en cuenta:
- Vigilar la zona de punción dos veces al día. Es posible que la zona donde el catéter penetra en la piel se inflame o se edematice (se acumule líquido). Esto es bastante normal, sobre todo al principio del tratamiento, puesto que los tejidos tienen que "acostumbrarse" a absorber una mayor cantidad de líquido. Pasados unos días del comienzo de la infusión suele remitir. Puede mejorar con masajes suaves o con la aplicación moderada de calor. En algunos casos es necesario disminuir la velocidad de administración. En caso de enrojecimiento, hematoma o de visualizar fugas de líquido, se debe cambiar la vía a otra parte del cuerpo. Si no se nos ha instruido para ello, lo mejor será llamar al equipo de paliativos o, en su defecto, a emergencias.
- Cambio de vía. El catéter se debe cambiar, rotando la zona de punción, como máximo cada 7 días, aunque lo habitual es hacerlo cada 3-5 días. No obstante, en caso de presentar algún problema, se deberá proceder a su cambio anticipadamente.
- No precisa anticoagulación. Esta vía, al contrario de la intravenosa no se coagula al interrumpir la infusión de fluidos por lo que no es necesario ningún cuidado al respecto.
- Cuidados del infusor. Es muy común que el equipo de paliativos nos deje conectada la vía a un infusor que vaya liberando la medicación o la hidratación a una velocidad constante. Este aparato no precisa de cuidado alguno, salvo depositarlo en un lugar seguro, evitando golpes y caídas y, en su caso y cuando nos lo especifique el equipo, protegiéndolo de la luz si contuviera alguna medicación fotosensible. Cuando la medicación se acabe, lo cambiarán por otro. Puede parecerte que no esté funcionando aunque sea así, ya que la velocidad de infusión suele ser muy lenta y apenas se aprecia la disminución de líquido restante.
- Administración de medicación. También es habitual que el equipo deje pautada medicación de rescate, esto es, para ser utilizada en caso de que los síntomas no se controlen o empeoren. Administra la medicación siempre de la forma que prescriba el médico, muy lentamente, poniendo especial atención en la dosis (volumen a administrar), en la pauta (cada cuánto se puede administrar) y en el lugar de administración, ya que es posible que se hayan canalizado varias vías para distintos medicamento que, por ejemplo, no se puedan mezclar. Las dosis pautadas por el médico están especialmente indicadas para aliviar los síntomas de tu familiar y debes tener la tranquilidad de que lo estás haciendo correctamente. No dudes en preguntar cualquier duda, por insignificante que te pueda parecer.

¿Cuándo debo buscar ayuda en el equipo de cuidados paliativos?
- Si se observa inflamación que no cede.
- Si aparecen síntomas de infección como rubor ?la piel se vuelve de color rojo-, calor...
- Si vemos un hematoma, hemorragia o necrosis.
- Si observamos salir líquido de la zona de punción.
- Si se sale accidentalmente la palomita de la zona de inserción.
- Si el paciente refiere dolor que no cede es posible que se haya alcanzado el músculo en lugar del tejido subcutáneo por lo que sería necesario un cambio de vía.
- Si no se alivian los síntomas con el tratamiento que se le ha pautado.
Ante alguno de estos signos o cualquier duda, mantén la calma y consulta lo antes posible con el equipo de cuidados paliativos. No te asustes al leer estas posibles reacciones. Sólo el 5% de los pacientes, aproximadamente, tienen algún tipo de reacción y suele ser a nivel cutáneo y muy leve.
Los cuidados paliativos persiguen en todo momento el bienestar del paciente y, gracias a la vía subcutánea, cada día más familias colaboran para que los pacientes terminales los reciban en su hogar, rodeados de las personas a las que quieren y en un entorno de total seguridad y tranquilidad.