- Lava bien las patas de pollo con limón o vinagre. Si tienen uñas, córtalas.
- Ponlas a hervir en agua con un poco de sal por 25 a 35 minutos, hasta que estén blanditas. Si usas olla de presión, con 15 a 20 minutos basta.
- En un caldero, calienta un chorrito de aceite y sofríe ajo, cebolla, ají, orégano y pasta de tomate.
- Agrega las patas ya hervidas y mezcla bien para que agarren el sazón.
- Añade un poco del agua donde se hirvieron, tapa y deja guisar por 10 a 15 minutos, hasta que la salsa espese.
- Prueba la sal y sirve caliente.
Quedan buenísimas con arroz blanco, yuca, plátano hervido o tostones.
Eso sí, bien limpias y bien cocidas pueden ser una joya en la mesa. Las patas de pollo son humildes, pero tienen carácter, nutrición y ese sabor profundo que solo la comida de verdad puede dar.