Mi nieta me pidió que no la avergonzara con mi aspecto pobre... Ver más
Valentina lloró el día que abandonó aquella vivienda.
Abrazó a su abuelo y le prometió que jamás olvidaría el sacrificio que había hecho por ella.
Durante los primeros meses cumplió su palabra.
Lo llamaba constantemente para contarle cómo eran las clases, los nuevos profesores y todo lo que estaba aprendiendo. Cada conversación terminaba con una frase que llenaba de orgullo al anciano.
—Todo esto es gracias a vos.
Pero el tiempo comenzó a cambiar muchas cosas.
La universidad reunía estudiantes provenientes de familias con un alto poder adquisitivo. Poco a poco, Valentina empezó a integrarse en ese ambiente.
Las conversaciones dejaron de girar en torno a los pacientes y comenzaron a enfocarse en clínicas exclusivas, prestigio profesional, contactos e ingresos económicos.
Las llamadas al pueblo fueron cada vez menos frecuentes.
Las visitas también.
Cuando regresaba durante las vacaciones parecía distinta.