Ese característico zumbido que escuchamos cuando una abeja pasa cerca no es casualidad, es el resultado directo de un movimiento tan rápido que nuestros ojos ni siquiera alcanzan a distinguirlo con claridad.

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Lo curioso es que este vuelo no depende únicamente de la fuerza de sus músculos como uno podría imaginar. Las abejas tienen un sistema muscular particular en el tórax que no controla cada aleteo de forma individual, sino que hace vibrar toda esa estructura a gran velocidad, algo similar a como vibra una banda elástica muy tensa. Esa vibración es la que impulsa el movimiento de las alas.
Ese zumbido tan característico que escuchamos proviene justamente de esa vibración tan rápida del tórax al desplazar el aire a su alrededor.

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